Hace solo unos días Tula tuvo una pequeña muestra de lo que podría venir el año que entra, donde por varios días más de 40 mil habitantes se quedaron sin agua.
La dramática sequía que podría ahogar a los tulenses esta irremediablemente a la puerta, y el boquete se encuentra en las deficientes políticas del agua que alcalde tras alcalde y desde el gobierno del estado se han manejado a través de CAPYAT que es el organismo operador descentralizado de esta ciudad.
De manera paliativa se logró un acuerdo entre el organismo operador y la CFE quien había cortado el suministro de energía a 5 de los 19 pozos existentes por un adeudo de más de 1 millón 700 mil pesos; sin embargo el problema no está resuelto, pues este acuerdo es temporal y tarde o temprano la Comisión Federal de Electricidad exigirá el cobro total que haciende a varios millones, por lo pronto quien salió del paso fue el Director del organismo José Luis Vázquez, quien dejara una difícil herencia a su sucesor.
El problema del agua en Tula tiene muchas más aristas que analizar. Dichas deficiencias tienen su origen en el débil sistema comercial que maneja este organismo de agua; la excesiva centralización política con el que cuentan los Presidentes Municipales como Presidentes a su vez de la junta de gobierno de CAPYAT. Y la nula revisión de la concepción del organismo como órgano descentralizado y la nula intervención de los ciudadanos en las políticas del agua.
Un sistema Comercial es una estrategia administrativa y de operación que actualmente todos los organismos de agua adoptan para llevar el orden del cobro, de la supervisión de medidores, abatir rezagos, detectar tomas clandestinas e implementar estrategias de concientización en la población. La captación eficiente ingresos es la vida para los organismos operadores, sin embargo muchas circunstancias pueden dar al traste con este objetivo. Tal es el caso de una desatención en la instalación de medidores y su mantenimiento, dejando que crezcan la tomas clandestinas y en la nula promoción de la cultura del agua. Esta situación se genera primera por ineficiencia de quien opera el sistema comercial y en segundo por posibles actos de corrupción, ya sea para no tocar a evasores del agua y para mercadear con empresas de distribución en pipas.
Muy mal le ha hecho a Tula el paso de innumerables Presidentes Municipales, incluso uno por año, que ha capricho del gobierno del estado y por intereses políticos han cortado toda posibilidad de continuidad o implementación de una política del agua de corto, mediano y largo plazo.
CAPYAT es ineficiente a diferencia de su similar en Tepeji del Río (CAAMTROH) , en aquel municipio vecino, desde hace años, desde la época del ex-alcalde Lauro Olguín como primer titular del organismo inició la introducción del sistema comercial, el cual fue cuidado por los posteriores Directores, hasta llegar sin problemas mayores con el Lic. Salvador Jiménez Calzadilla, actual responsable del organismo.
Hace unos días en un artículo periodístico el ex-Presidente Municipal y Diputado local, y periodista Guadalupe Rodríguez, realiza una crítica a la eficiencia de CAPYAT, que de paso en un irónico señalamiento a un ex-alcalde de Tezontepec da a entender la justificación de la necesidad de contar con estos organismos operadores.
Sin embargo ha llegado el momento de evaluar a estos órganos descentralizados, que no se sabe si los dirigen las presidencias municipales o son independientes, cuando son las dos cosas. En esta contradicción política se administra el agua en Tula y en el estado de Hidalgo. Por otra parte los organismos operadores y sus juntas de gobierno han concentrado tal poder omnipotente al estilo del mercado mundial que se va hacia el perfil de empresas privadas, en camino a ser concesionadas en un futuro, lo que como sucede actualmente con teléfonos de México, o se paga o se corta el servicio.
Los organismos operadores no cuentan entre su junta de gobierno con representación de ciudadanos, lo que desliga a la población de lo que se hace con su agua.
Como hemos visto el tema del agua en Tula está contaminado por la ineficiencia y la torpeza de las políticas que en esta materia han hecho o dejado de hacer las autoridades. Tula crece irremediablemente en lo habitacional y en lo empresarial, nadie sabe cuánta agua queda y para cuanto durara.
Lo anecdótico en Tula es que el corte en el suministro lo sufrió también la clase media que casi no tiene carencias, y la sufrió como el resto de la población, solo que también se enteraron que ni con dinero se podría arreglar una crisis que tiene que ver con la vida política de su municipio, asunto que deberán tomar muy en serio a riesgo de que el año próximo las cosas estén peores.